lunes, 1 de marzo de 2010

La falta es para todos


Cualquiera diría:
"claro, ustedes los psicoanalistas sí que la pasan bien. Cobran una fortuna y se toman más de un mes de vacaciones..."

Y bueh... allá ellos (los que cobran una fortuna, digo). Por mi parte fueron solo 15 días de vacaciones. Falto a la escritura porque estoy MUY ocupada. De verdad. Estaré así hasta fines de marzo.

viernes, 15 de enero de 2010

De vacaciones


... y bueno, no hay oreja sin descanso. Volveré.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Analista y algo más.

Rubén había mudado su consultorio a una parte de su propia casa. La economía se hacía cada vez más escueta y el cambio le permitía tener menos gastos y más horarios para sus pacientes.

Era viernes, hacía mucho calor, las clases habían terminado. Rubén escuchaba los desencuentros de Pablo con su esposa, las peleas, los tirones en la relación como padres, las desautorizaciones con su hijo que su esposa no paraba de repetir. El clima áspero de la casa de Pablo se trasladaba al consultorio a través de las palabras, hilvanadas como dagas que Pablo se sacaba de a una cuando le hablaba a Rubén, mirándolo con sed de cuidado. Pidiéndole alguna pista que le permitiera poner freno a la histeria de su mujer. Pablo hablaba. Rubén flotaba en su escucha.

La boca de Rubén hizo un gesto con la intención de dejar salir alguna palabra acerca del monólogo sufriente de su paciente. En ese prometedor instante la puerta del consultorio se abrió brutalmente. A los gritos, entró un niño de unos cinco años. Con un shortcito rojo, descalzo y sin remera.

- Papaaaá! Mamá no me deja jugar a la Plaaay. Me dijo que te preguntara a vos! Dale, dejame jugar!!!!

El silencio era ruido en los ojos desorbitados de Rubén. Ambos permanecieron callados, mientras Martín miraba a su papá como quien espera una respuesta crucial de la existencia.

viernes, 11 de diciembre de 2009

El juguete rabioso

Novela. De Roberto Arlt. 1926

No es fácil escribir sobre esta novela. Aunque no por complejas, abandono las tareas. No prometo nada demasiado interesante. De atravesar esta línea será a su propio riesgo. Yo avisé.

Decían sus contemporáneos que el tipo escribía mal. Decían ellos y también dicen ahora ciertos seguidores de aquellos intelectuales de acomodadas posiciones. Dice lo mismo cierto halo extraño sobre el nombre Arlt. Rumores que entorpecieron mi lectura durante años. A pesar de tener esta novela durmiendo en mi biblioteca hace mucho tiempo, jamás la había elegido. Amarilla, ella, no se ofendió cuando después de mi ingratitud de tantos años me decidí a tomarla.

Yo no sé a qué le llamaban escribir mal. Este hombre, que lamentablemente murió muy joven, logra mudar al lector a un mundo sórdido, plagado de carencias, de soledad, de anhelos obstaculizados, de una sociedad con poco espacio, pero también y a pesar de todo eso, un mundo de aventuras.

Dos escenas son fantásticas. Una de ellas por su significado y otra por la dureza con la que impactan las palabras. Ambas por la ambigüedad propia de Arlt.
La primera pertenece al primer capítulo: Los ladrones. Silvio Astier, aún siendo un niño se junta con otros niños del barrio. Fundan el “Club de los Caballeros de la Media Noche”. La finalidad: robar. Uno de los atracos es a la biblioteca. Todos los detalles de la hazaña están contados con lujo de detalles de manera que uno está allí, escondido con ellos cuando, por ejemplo, oyen unos pasos extraños.
Roban libros. Eso es genial. No por el robo en sí, sino porque a pesar del contexto de estos niños, el interés de ellos, particularmente de Silvio (de Arlt), el protagonista, estaba en los libros a los que no podía acceder de otra manera.

La otra escena magnífica pertenece a “Los trabajos y los días”, el segundo capítulo. Silvio Astier trabajaba como cadete en una librería. Un día cualquiera se encuentra ante la oportunidad de incendiarla, sin vacilar, sucumbe a la tentación de dejar caer una brasa sobre un montón de papeles. Abandona el lugar sintiéndose libre y feliz de su decisión. Aunque para su desgracia luego comprueba que la brasa no llegó a provocar la tragedia que él hubiera querido.
Impactan las palabras sin culpa, sin titubear, con goce de la vil oportunidad.
Además de las dotes malignas con las que Arlt dota a sus personajes, esta escena representa la relación dual de Silvio Astier, de Arlt mismo, con la sociedad de los libros. En el sentido intelectualoide del término. Los libros eran su vida, pero también representaban a todos esos autores acomodados con los que él batallaba con la prepotencia que solo puede tener quien se siente herido y no encuentra mejor modo de defensa que el ataque petulante.

Y continúa con idéntica dualidad al final. El juguete rabioso culmina con otra canallada, lograda en este caso, que también plasma la estupenda dualidad de Arlt. Rasgo que lo convirtió, desde esta mirada aficionada, en un gran escritor, fuera de todo molde prefabricado.

Les regalo estas líneas:

“Hablaba estremecido de coraje; rencor a sus palabras tercas, odio a la indiferencia del mundo, a la miseria acosadora de todos los días, y al mismo tiempo una pena innominable: la certeza de la propia inutilidad.” R. Arlt

lunes, 30 de noviembre de 2009

Un poco de humor

Es bueno... es bueno.

Marido y mujer acuden al psicólogo tras 20 años de matrimonio.
Cuando se les pregunta cuál es el problema, la mujer saca una lista larga y detallada de todos los problemas que han tenido durante los 20 años de matrimonio:

...poca atención, falta de intimidad, vacío, soledad, no sentirse amada, no sentirse deseada...

La lista es interminable.

Finalmente, el terapeuta se levanta, se acerca a la mujer, le pide que se pare. La abraza y besa apasionadamente, mientras que el marido los observa con una ceja más alta que la otra.
La mujer se queda muda y se sienta en la silla medio aturdida.

El terapeuta se dirige al marido y le dice: “Esto es lo que su esposa necesita al menos 3 veces por semana. ¿Puede hacerlo?”

El marido lo medita un instante y responde: “Bueno, la puedo traer los lunes y los miércoles, pero los viernes tengo pesca”.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Letras en el Shopping

Que la literatura enriquece el mundo no es una novedad. Sin embargo, cuando eso sucede de un modo tan directo y concreto, sorprende. Es como poder volver a maravillarse con el atardecer. Ya se sabe que el sol se pone, que entra por aquí y sale por allá, pero cuando uno se deja envolver al contemplarlo, sorprende.

Ayer tuve la grata oportunidad de conocer gente nueva, de reírme, de compartir historias, de ampliar el universo. Todo eso gracias a un cuento. Había enviado uno de mis cuentos a un concurso y al parecer pude decir algo en él, tanto que fue seleccionado entre diez, de un total de seiscientos cuentos.

El concurso lo organizaba el Boulevard Shopping de Adrogué. ¿Un shopping organiza un concurso de cuentos? pensé. Desde cuándo el paradigma del capitalismo se ocupa de la cultura. Evidentemente no hay una única manera de hacer las cosas. Parece que el grupo de marketing que allí trabaja encontró la veta para no dejar de hacer su trabajo, y al mismo tiempo no perder de vista que cuanto más cultura tenga un pueblo, más interesante será.

Gracias al jurado: Claudia Piñeiro, Laura Massolo y Patricia Saccomano. Y gracias a los organizadores del Shopping: Juan Pablo Fiorenza, Arq. Hugo Gilardi y los demás de quienes lamentablemente no se sus nombres.

lunes, 9 de noviembre de 2009

¿Avivada?

Electroshock ¿Malas ondas? Revista Viva. Domingo 8 de Noviembre de 2009. Pag. 56

Los domingos, mientras desayuno suelo pasar las hojas de la revista que viene con el diario, que justamente parece tener ese destino: pasar. Y no está mal, tal vez acompañan la atmósfera del día de relax. Para mayor contenido están las revistas culturales del sábado, u otras aún mejores.

Lo innegable de esta dominguera publicación es que participa en la creación de la opinión publica. Miles de personas deben hacer lo mismo que yo. Transitan sus páginas mientras untan la tostada con mermelada. Probablemente, muchos de ellos la tomen como una fuente de información fidedigna. Supongo que debe pasarme con temas que desconozco, pero no es el caso.

Como quien encuentra una pastilla de éxtasis en medio de un helado de dulce de leche, leí Electroshock en una de las hojas de la Revista Viva de ayer y casi se me cae la tostada. Qué podía significar un artículo como ese en una revista sin consecuencias, pisándole los talones al año 2010. ¿Malas ondas? Sí. Un tufillo extraño, que sobrevuela la salud mental de nuestro país en los últimos meses.

No voy a hablar de qué se trata la técnica de electroshock, ya bastante la promocionaron en la viva revista. Simplemente diré que se utilizaba hace unos sesenta años atrás, cuando la industria psicofarmacológica no estaba tan desarrollada como ahora y cuando el paradigma del tratamiento de la locura, era asilar. Es decir, al loco había que aislarlo. Hoy en día, la supuesta política de salud que intenta impartir el Gobierno de la Ciudad, apuntaría a la inclusión, a la desmanicomialización, etc. Todo muy lindo pero que los pacientes no piensen. Démosle un lindo nombre a la patología, que los acompañe toda la vida y convenzámoslo de que el electroshock será bueno para su salud. De esa manera se someterá feliz a un procedimiento que arrasará con su subjetividad y lo hará presa del capricho eléctrico del sádico que se lo aplique.

No me caben dudas de que en la antigüedad, ciertos casos de psicosis graves deben haber recogido efectos terapéuticos gracias al electroshock. Yo misma, en mis años de hospital presencié no solo un electroshock sino también sus efectos: una paciente catatónica viró hacia la manía.
Lo más salvaje de este artículo presentado en medio del rugbier del siglo y Bioy Casares, es que habla de la aplicación de está maldita técnica en los famosos pacientes bipolares de hoy, o en las depresiones graves (que muchas veces no son más que gente normal un poco deprimida, que trata de sobrellevar su angustia recurriendo a soluciones bruscas). Existe una marea de palabras ofrecidas cual nombres que la gente consume a lo loco. Pareciera que uno no existe si no es bipolar, tiene un amigo deprimido, fóbico o con ataques de pánico. Es top, hay que tenerlo.

Algún fanático de la Revista, pordía defenderla argumentando que plasmaron allí ambas campanas. Es cierto. Se le da la palabra a un psicoanalista y se menciona que hay toda una corriente de salud mental que considera que no es el tratamiento adecuado. Pero tan cierto como eso -y para mi gusto lo más perverso del artículo- es que los recortes que ilustran la nota, las palabras grandes ubicadas a los lados de los párrafos, todas ellas proponen al electroshock casi como una novedosa técnica de curación. Me he tomado el trabajo de transcribirlas, para que mis lectores (dos o tres locos como yo, muy lejanos a los millones que leen Clarín), puedan sacar sus propias conclusiones:

“En el Borda los médicos llevan sus aparatos. Las máquinas que hay son viejas”

“El electroshock es el único remedio para depresiones graves que son resistentes al uso de antidepresivos”

“Los efectos no deseados no son nada si se tiene en cuenta que las personas con depresión son proclives al suicidio”

Al comienzo decía, que el destino de estas páginas de domingo suele ser un mero desfile por ojos poco interesados. Miles de personas deben leer sólo estas frases sin darle mayor importancia. El problema es que unos días después puede producirse la siguiente escena:

- Mi cuñado está muy mal. El laburo está cada vez peor y el tipo la verdad que no le encuentra la vuelta. Mi hermana también ahí anda…
- ¿Hizo algún tratamiento?
- Si, fue a un par de psicólogos, pero no enganchó con ninguno.
- Tal vez está para psiquiatra.
- No sé…
- El otro día leí en el diario que el electroshock da buenos resultados, por qué no le comentas a tu hermana.
- Sí, yo también lo leí. Te juro, me acordé de él.
- Y bueno, con probar…
- Sí.

Parece un diálogo inofensivo, pero no lo es.
Una verdadera política que pretenda erradicar los manicomios debería hacer todo lo posible para que sus ciudadanos piensen, el electroshock está en las antípodas de ese propósito.